DISTINTAS PALABRAS, MISMA ENERGIA

Aunque parezcan muy distintas entre sí, muchas filosofías, religiones y sistemas espirituales del mundo hablan en el fondo de lo mismo: una energía que nos mueve, nos equilibra o nos desequilibra, y que está presente en todo —en la naturaleza, en el universo, y por supuesto, en nosotr@s.
Lo curioso es que cada una lo expresa con sus propios símbolos, nombres y/o formas. Pero si miramos con atención, todas coinciden en la idea de que la vida está compuesta por fuerzas opuestas y complementarias. Y entender eso puede ayudarnos a vivir con más conciencia y armonía.
El Taoísmo: Yin y Yang, las 2 polaridades
En la filosofía china del Taoísmo, se habla del Yin y el Yang: dos energías opuestas pero complementarias que están en constante movimiento. Yin representa lo femenino, lo pasivo, la noche, lo suave, lo receptivo. Yang es lo masculino, lo activo, el día, lo fuerte, lo que impulsa.
Lo importante es que no se trata de elegir uno u otro, sino de encontrar un equilibrio entre los dos. En la naturaleza, en nuestras emociones, en nuestras decisiones, hay un poco de ambos, y todo cambia según el contexto.
Hinduismo: Gunas – Sattva, Rajas y Tamas
La teoría de los Gunas es una parte fundamental de la filosofía del Hinduismo, especialmente en el Samkhya, el Yoga y otras escuelas relacionadas. Esta teoría describe las tres cualidades fundamentales o tendencias presentes en toda la naturaleza (Prakriti) y, por extensión, en el ser humano. Son fuerzas dinámicas que están constantemente interactuando y cambiando el equilibrio de la mente, el cuerpo y del entorno. Hablamos de:
- Sattva es equilibrio, claridad, armonía, paz.
- Rajas es movimiento, deseo, energía, pasión.
- Tamas es inercia, oscuridad, pereza, confusión.
Todos tenemos esas tres fuerzas dentro. A veces estamos más sattvicos (en paz), a veces rajásicos (ansiosos o activos), y a veces tamásicos (bloqueados o sin ganas). No existe una buena ni mala, simplemente hay que aprender a reconocerlas y a no quedar atrapados en una sola.
Reiki y la energía universal
En Japón, el Reiki se basa en la idea de que existe una energía vital universal (llamada Ki) que fluye por todo ser vivo. Esta energía también tiene aspectos más suaves o fuertes, más calmados o más intensos. Algunas corrientes de Reiki también hablan de elementos (como fuego, agua, tierra, aire) o de chakras (tomado de la tradición india) que representan distintas formas en que esa energía se manifiesta en nosotr@s.
Cuando esta energía se bloquea o desequilibra, lo sentimos en forma de malestar físico, emocional o mental. Por eso, prácticas como el Reiki buscan restaurar ese flujo natural.
Astrología: elementos, signos y polaridades
La astrología también habla de energías, solo que lo hace a través de lo que conocemos como los 12 signos del zodíaco, que se dividen según los cuatro elementos:
- Fuego: Aries, Leo, Sagitario – energía, acción, impulso.
- Tierra: Tauro, Virgo, Capricornio – estabilidad, cuerpo, materia.
- Aire: Géminis, Libra, Acuario – mente, comunicación, ideas.
- Agua: Cáncer, Escorpio, Piscis – emociones, intuición, sensibilidad.
Además, cada signo es también Yin o Yang, o sea, receptivo o activo. Así, todo en la carta astral habla de cómo esas energías viven en nosotros: qué nos impulsa, qué nos frena, qué nos da equilibrio y como se combinan entre ellas en diferentes áreas de nuestra vida. Nadie es solo la energía de un signo; tenemos un poco de todos, pero manifestamos unos más que otros, y en distintas áreas de la vida (pareja, trabajo, salud, etc.).
¿Qué tienen en común todas estas ideas?
Aunque sus palabras suenen distintas, todas estas tradiciones nos están diciendo lo mismo:
- Que la vida está hecha de fuerzas opuestas: luz y sombra, movimiento y quietud, acción y descanso.
- Que esas fuerzas no compiten, sino que se complementan.
- Que esas energías están también en nosotr@s, y que conocernos es aprender a reconocerlas, a aceptarlas, y a equilibrarlas.
¿Y qué dice la ciencia?
Aunque a veces parezca que la ciencia y la espiritualidad están separadas, en realidad coinciden en muchas cosas más de lo que creemos. De hecho, una de las ideas centrales de la física moderna es que todo en el universo, absolutamente todo, está hecho de energía.
A nivel subatómico —es decir, más allá de lo que podemos ver—, la materia no es algo sólido y estático, sino que está compuesta por partículas que están en constante movimiento. Incluso algo tan «duro» como una piedra, si se observa con un microscopio muy potente, está formado por átomos, y dentro de esos átomos hay más espacio vacío que materia. Lo que realmente mantiene todo unido es energía en forma de vibración.
La neurociencia nos muestra que nuestro cerebro y cuerpo funcionan gracias a señales eléctricas y químicas que generan energía en constante movimiento.
Incluso la física cuántica nos muestra que la energía es la base fundamental del universo, está en constante movimiento y transformación, y se expresa en diferentes formas y frecuencias que componen toda la realidad.
Entonces… ¿todo está conectado?
Sí. Desde la ciencia, desde el taoísmo, desde el Hinduismo/Yoga, desde el Reiki o la astrología, todo apunta a la misma gran verdad: todo está conectado por una red invisible de energía. Lo que cambia es la forma de llamarlo, o el enfoque desde el que se estudia.
Lo que para la ciencia es vibración o frecuencia, para otras tradiciones puede ser Ki, Prana, Chi, espíritu, alma, o simplemente «energía vital». Pero el mensaje es el mismo: no estamos separados del universo, sino que somos parte activa de ese mismo flujo energético que mueve las estrellas, los océanos, la tierra… y nuestras emociones.
